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El
crecimiento exponencial en el uso de transgénicos
amenaza la biodiversidad genética…
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Monopolio
Internacional
El
control corporativo de las semillas está
acabando con la diversidad agrícola. Tan
solo 10 empresas controlan el 95% del mercado mundial
de semillas comerciales (valorado en 30.000 millones
de dólares), mientras hace tres décadas
había 7.000 compañías. De ellas,
sólo tres controlan el 49% del mercado global
de semillas: Monsanto, el primer productor de semillas,
con ventas de 3.550 millones de dólares en
2006; Dupont/Pioneer, con ventas en 2004 de 2.600
millones de dólares; y la suiza Syngenta,
que tuvo ventas por 1.239 millones dólares
en 2004.
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Del
total de estas semillas, el 21% son organismos
genéticamente modificados (OGM), popularmente
conocidos como transgénicos. Este tipo
de cultivo crece a un ritmo exponencial, especialmente
para cultivos de maíz y soja, ocupando
114’3 millones de hectáreas de cultivos
transgénicos en 2007, lo que representa
un 2,6% de la producción mundial. Esta
tendencia hace que aumente la demanda anualmente
un 12%.
El
Mito de los Transgénicos
Mediante
la ingeniería genética es posible
romper la barrera de las especies completamente
diferentes o no emparentadas, por ejemplo, pasando
el gen de una toxina que mata insectos presente
en una bacteria al maíz o al algodón.
Esta tecnología también permite
aumentar el rendimiento de especies básicas
para la alimentación humana.
Los
organismos genéticamente modificados son
más resistentes a ciertas plagas, a la
carencia de agua, o a situaciones medioambientales
adversas, etc., pero estudios han puesto al descubierto
que producen menos siendo su causa de ello los
cambios genéticos que han provocado una
alteración del metabolismo original de
las plantas productoras, inhibiendo su capacidad
de absorción de los nutrientes que necesitan
para desarrollarse adecuadamente, en consecuencia
la productividad merma. Por ejemplo, la soja transgénica,
mostraba un 10% menos de productividad en un estudio
de la Universidad de Kansas.
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En
la India y Méjico, a causa de los altos costes
del cultivo con transgénicos (pago de patentes
y uso de pesticidas específicos para el control
de los parásitos) y de los bajos beneficios
de su rendimiento, los campesinos se están
arruinando y perdiendo sus tierras hipotecadas.
Además, las corporaciones crean semillas
estériles, para que con ello, cada estación,
deban ser compradas nuevas remesas, reduciendo también
asi la biodiversidad.
Este es el caso de Irak, donde bajo mandato internacional,
a los agricultores se les prohíbe guardar
semillas, y solamente pueden sembrar semillas para
su alimentación, si dichas semillas les son
proporcionadas por distribuidores licenciados y
autorizados por EEUU, siendo éstas semillas
transgénicas (fundamentalmente estadounidenses).
La
Mafia de las Patentes
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La
invasión de
los organismos transgénicos amenaza la libertad
de comercio... |
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De acuerdo con la ley de patentes de Canadá,
de Estados Unidos (FDA) y de muchos otros países
industrializados, es ilícito que los agricultores
reutilicen semillas patentadas, aunque provengan
de su propia cosecha, o de otros anexos y que lo
hayan contaminado. Por ello, en 2001, la Corte Suprema
de Canadá sentenció que la patente
sobre un gen se extiende a cualquier organismo superior
que lo contenga. De esa forma las corporaciones
transgénicas pueden alegar derechos sobre
cualquier cosa en la que se introduzcan sus genes,
ya sean plantas, animales o humanos, a la vez que
se convierte la expansión de la contaminación
en una estrategia de éstas para extender
su propiedad.
A
su vez, la organización internacional de
la sociedad civil ha revelado que las mayores empresas
globales de semillas y agroquímicos están
acumulando centenares de patentes monopólicas
sobre genes de plantas, que luego pretenden comercializar
como cultivos modificados genéticamente para
resistir presiones ambientales asociadas con el
cambio
climático (sequía, calor, frío,
inundaciones, suelos salinos…). Con ello,
la promesa de los llamados “cultivos resistentes
al clima” (“climate-ready”) se
utilizarán para llevar a agricultores y gobiernos
a aceptar definitivamente los transgénicos
y las patentes que éstos implican.
A
la cabeza de las multinacionales se encuentra la
americana Monsanto, que en su ya siglo de existencia
ha fabricado: edulcorante artificial o sacarina;
cafeína para la Coca Cola; PCB, un líquido
refrigerante altamente tóxico; agente naranja,
usado como herbicida en la guerra de Vietnam; y
hormonas de incremento de la producción láctea
prohibidas en Europa.
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Esta
corporación también posee a patente del un potente
herbicida, Roundup, basado en glifosato, una sustancia tóxica
que, según la Comisión Europea, tiene graves
consecuencias medioambientales a largo plazo. El glifosato
acaba con todas las plantas rociadas y los animales acaban
contaminados. Como complemento Monsanto creó soja y
maíz (Roundup Ready) transgénico indemne a la
acción del herbicida obligando a la compra del conjunto.
Alentado por los gobiernos, países como Argentina han
pasado de cultivar un millón de hectáreas de
soja transgénica a 16 millones, lo que equivale a una
deforestación
de 300.000 hectáreas anualmente.
Peligros
Para la Salud
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| Como
consecuencia de la enorme influencia de estas corporaciones
internacionales, los productos alterados genéticamente
no se están evaluando correctamente y su alcance sigue
siendo desconocido, alegando que su composición es
similar a la de los tradicionales. Hasta el momento se ha
constatado efectos sobre la salud como la aparición:
de nuevas alergias por introducción de nuevas proteínas
en los alimentos; de resistencias a antibióticos en
bacterias
patógenas para el hombre; de nuevos tóxicos en
los alimentos; etc. A su vez, el científico Arpad Pusztai
(1998), comprobó que la ingesta de patatas transgénicas
por ratones producía daños severos en su sistema
inmunológico y un mayor crecimiento del hígado,
del estómago (27%), del páncreas (40%) y del
colon, entre otros. También encontró que estos
roedores sufrieron daños en el cerebro y en otros órganos
vitales.
Bajo
el auspicio de las Naciones Unidas, más de 130 países
(sin el respaldo de EE.UU.) admitieron que los organismos
vivos modificados genéticamente plantean riesgos ambientales
que deben ser debidamente controlados y adoptaron el Protocolo
de Cartagena sobre la Seguridad Biológica…
Dedicado
a mi tío Luis (13.11.2008)
Referencias:
http://www.etcgroup.org/es/
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=54650
http://www.ecoportal.net/content/view/full/66719
http://www.youtube.com/watch?v=CMleWZXhi6s
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