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Los Maring sacrifican a sus cerdos en festivales antes de iniciar periodicos conflictos para satisfacer a sus antepasados...
Los Maring y los Cerdos

En la cordillera Bismark de Nueva Guinea existe un remoto grupo tribal, los Maring, que cuenta con una extraña relación con los cerdos. Cada clan local de los Maring celebra un festival de cerdos por término medio una vez cada doce años. El festival entero (Kaiko) - que incluye diversos preparativos, sacrificios en pequeña escala, y el sacrificio masivo final- dura alrededor de un año, siendo conocido como Kaiko en el lenguaje local. En los dos o tres primeros meses que siguen a la conclusión del Kaiko, el clan entabla un combate con clanes enemigos, lo que produce muchos muertos y la pérdida o la conquista de eventuales territorios.

El resto de cerdos del clan se sacrifican durante los combates, con lo que vencedores y vencidos se encuentran pronto privados de cerdos adultos con los que ganarse el favor de sus respectivos antepasados. El combate cesa bruscamente, y los varones adultos de los clanes acuden a los lugares sagrados para plantar árboles pequeños llamados rumbim, concluyendo así la contienda. Desde ese momento, todos los esfuerzos y pensamientos de los vivos ser orientarán a la cría de cerdos. Sólo cuando se haya formado una nueva piara de cerdos para celebrar un gran kaiko, y dar así las gracias a los antepasados, los guerreros pensarán en arrancar el rumbim y retornar al campo de batalla.

Los Yanomamis y la Agresividad

Los Yanomamis, una tribu situado entre la frontera entre Brasil y Venezuela, son considerados como uno de los grupos más primitivos más belicosos y agresivos del mundo, donde cerca del 15% de su población muere como consecuencia de enfrentamientos. En el momento que un yanomami alcanza la madurez, su cuerpo está cubierto por heridas y cicatrices, consecuencia de innumerables peleas, duelos e incursiones militares. Aunque desprecian a la mujer, dado que es una sociedad fuertemente machista, la mayoría de las peleas se originan por actos reales o imaginarios de adulterio o por promesas incumplidas de proporcionar esposas.

También el cuerpo de la mujeres se halla cubierto de cicatrices, fruto de de encuentros violentos con seductores, maridos y/o violadores. De hecho, el estatus entre las mujeres se mide según la frecuencia de las pequeñas palizas que les propinan sus maridos. Todos los hombres yanomami abusan de sus esposas, desencadenándose la violencia sin que medie provocación alguna. Los esposos amables sólo las magullan y mutilan, mientras que los feroces las hieren y matan. Como sucede con otras culturas machistas, los yanomami creen que la sangre menstrual es mala y peligrosa, por lo que encierran a las muchachas que tiene su primera menstruación en una jaula, y las obligan a pasar sin alimentos.

Los Kwakiutl y el Potlatch

Entre los amerindios Kwakiutl que habitaban, en tiempos pasados, las regiones costeras del sur de Alaska, se practicaba el Potlatch, una forma maniaca de consumismo y despilfarro exagerado. El objeto del Potlatch era donar o destruir más riqueza que el clan rival ofreciéndoles un festival en su honor. Un jefe ambicioso y sus seguidores tenían rivales de potlatch en varias aldeas diferentes a la vez, y en ocasiones eran quemadas casas en búsqueda del apreciado prestigio.

En Melanasia y Nueva Guinea, los llamados hombres grandes debían su estatus al gran número de festines que cada uno había patrocinado durante su vida, similar a los políticos en el Imperio Romano. El kaoka que desea convertirse en un gran hombre consigue que sus parientes y amigos le ayuden a acumular y elevar la riqueza necesaria. Una vez reunida, el gran hombre distribuye la riqueza acumulada entre grupos de personas, consumiendo éste menos que cualquier otro en la aldea.


Los amerindios kwakiutl donaban riquezas a sus rivales en los Polatch como señal de poderío...

El estilo comunista de los kaoka también se observa en otros grupos étnicos, aunque con diferencias en su manifestación. Entre los semai de Malasia central nadie expresa nunca gratitud por la carne que un cazador distribuye entre sus compañeros. Para ellos, dar las gracias era de mala educación, ya que sugería, o bien que uno calculaba el tamaño del trozo de carne recibido, o bien que se estaba sorprendido por el éxito y generosidad del cazador. Los semai siguen un estilo de vida igualitario, en el que los que tienen mayor éxito son los que menos llaman la atención, y sienten repugnancia y temor ante la más ligera insinuación de ser tratados con generosidad o superioridad.

La Llegada del Cargo

En la jungla, en lo alto de las montañas de Nueva Guinea, existen grupos de nativos que confían en la llegada del Cargo, transportes de carga pilotados por sus antepasados con los que esperan mejorar su calidad de vida. Los símbolos con los que mostraban su esperanza van desde pistas de aterrizaje a cruces rojas o caminos perfectamente acondicionados para la recepción de material. Antes de la Segunda Guerra Mundial, los nativos oteaban el horizonte en busca de barcos en la que los antepasados tendrían piel blanca. Después, sus antepasados tendrían rasgos asiáticos y pilotarían aviones o una vez que fueron expulsados los japoneses tendrían la piel negra. Este hecho se debe a las continuas promesas que escucharon de los que sólo buscaban su ayuda.


Los esquimales son una sociedad igualitaria que detesta la jactancia…

Las misiones luteranas que allí arribaron también utilizaron el recurso que tan bien había funcionado, haciendo que los nativos acudieran a las iglesias y se convirtieran en cristianos cooperadores. Tan sólo, adaptando la doctrina cristiana a la creencia en el cargo. Al principio Dios creo el cielo y la tierra y dio a Adán y Eva un paraíso repleto de cargo (carnes enlatadas, instrumentos de acero, cerillas…). Cuando descubrieron el sexo, Dios les arrebató el cargo y envió el Diluvio…

Referencias:
"Vacas, Cerdos, guerras y brujas". Marvin Harris

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